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¿Género policial?

¿Qué es el género?, ¿Qué es el policial?, ¿Qué es el género policial?, ¿Por qué subgénero? A veces, cuando analizamos un discurso lo catalogamos como un género, un subgénero, o lo insertamos en el campo compositivo del policial. ¿Acaso, ya están expuestos los preceptos que definan cada uno de estos términos? Para ilustrar respuestas, hipótesis, opiniones críticas, en cada caso, sería oportuno adentrarnos en el mundo imaginario-ficcional de los géneros literarios, y en la lógica narrativa del policial. Así, se podrá abarcar un amplio espectro de nociones básicas para el correcto manejo y funcionamiento de los términos en cuestión. Al respecto, Mijail Bajtín, en un intento de definición, nos expresa:

El género es siempre el mismo y otro simultáneamente, siempre es viejo y nuevo, renace y se renueva en cada nueva etapa del desarrollo literario y en cada obra individual de un género determinado. En ello consiste la vida del género […]. El género vive en el presente, pero siempre recuerda su pasado, sus inicios, es representante de la memoria creativa en el proceso del desarrollo literario y, por eso, capaz de asegurar la unidad y continuidad […]. Por eso, para una correcta comprensión del género es necesario remontarnos a sus orígenes. 1

En la historia de la literatura encontramos, en los escritores  de las diferentes épocas, la repetición tan frecuente, de determinadas particularidades formales en la estructura de las obras. Así también distinguimos tipos de organizaciones compositivas muy parecidas, de obras de escritores extraordinariamente alejados unos de otros en el tiempo. Por eso podemos visualizar, por ejemplo la épica, tanto en los poetas contemporáneos como en los de la antigüedad. Este fenómeno ocurre debido a la existencia del término, “género literario”, que por su compleja significación, conceptualización y caracterización,  constituye una de las problemáticas debatidas por los teóricos hasta la actualidad. A pesar de que no podemos encasillar al género literario en simples y concretos preceptos, podemos aventurarnos a una definición global del mismo, sin caer en especificidades, a partir de esas caracterizaciones comunes entre las obras literarias: El género literario constituye un espacio configurado por un conjunto de recursos composicionales, en el que cada obra entra en una compleja  red de relaciones con otras obras a partir de ciertos temas y de su correlación, en un momento dado, con determinados rasgos estructurales (prosa, verso, narración, etc.) y con un específico registro lingüístico. Cuando hablamos, pues, de géneros literarios, hablamos por tanto, de procesos de codificación que comparten tanto el autor como los lectores. Así, el género se establece entonces como un conjunto de ciertas técnicas de composición, y de ciertas leyes de forma y contenido (por ejemplo, el asunto, la finalidad, el estilo, etc.) a las que se someten las obras literarias.

A pesar de estas particularidades comunes entre las obras literarias, un texto recién producido puede alejarse o ‎variar la estructura de una serie dada, es decir, puede transgredir la expectación que corresponde a cierto género, a cierta codificación, ‎rompiendo entonces con la convención y quizás inaugurando una serie nueva o, específicamente, un género nuevo con su originalidad y fuerza inventiva; aunque aún mantenga  rasgos distintivos de un género literario anterior. Es aquí, entonces, donde se bifurcan los límites entre un género u otro y donde podemos plantearnos la posibilidad concreta del surgimiento operacional de otro género.

Sería imposible delimitar o encasillar al género literario en códigos estrictos, pese a que sus límites devienen ambiguos, pero sí se puede afirmar que es válida su existencia, pues tanto los novelistas, como los lectores se apegan a un modelo que le es de su agrado y a partir de él escriben o leen en dependencia de su gusto y habilidades creativas; en el caso de los primeros, porque el género les anticipa un modelo previsible de la estructura, de su contenido y de sus funciones.

Dadas estas circunstancias, Aristóteles estableció tres tipos de organización compositiva que consideró géneros literarios: la lírica, la épica y el drama. Esta división en géneros se instauró en el seno de la concepción común de la literatura, y se convirtió en el punto de referencia principal en toda la extensión de sus territorios. Esto implicó una propiedad importante de la teoría de los géneros literarios al asignarle propiedades tipológicas: o sea, la épica, por ejemplo, narraba la vida humana en sus manifestaciones más o menos complejas, o sea, donde se describían sucesos en los que el individuo participaba o protagonizaba. El análisis de estas tipologías o particularidades permitió entonces deducir elementos que distinguían, o trataban de diferenciar, al género literario de otros tipos de géneros. A partir de la estructuración de estos tres modelos de géneros literarios fue fácil entonces observar una nueva división complementaria: así, por ejemplo, el cuento, el relato y la novela eran modalidades derivadas del género épico, aunque cada una proyectara sus características distintivas. Esta división se denominó tipos del género literario o también, géneros. Pero, a la vez, dentro de estas formas genéricas, específicamente de la novela, dado el estudio que nos ocupa, se pudo distinguir nuevas modalidades, por ejemplo: la de aventuras, la histórica, la de costumbres, etc.

De esta forma, ocurre lo mismo que con las modalidades anteriores, entre ellas no captamos ninguna relación aparente, por su finalidad o sus ideas, el material que utilizan para la descripción de la vida del hombre, los caracteres, los argumentos, el lenguaje, etc. El parecido entre ellas estriba, entre otros aspectos, en su afinidad por el nivel del proceso de la vida en el que se representa al hombre, es decir, en toda novela el individuo se encuentra en relación con diferentes tipos de gente, y la descripción abarca un período considerable de su vida, pues la narración novela, por lo común, encierra un gran espacio de tiempo, o sea, es un proceso de la vida que tiene principio y fin; y el autor nos cuenta lo que ocurrió en una determinada época y en un determinado lugar con unas determinadas personas con diversos conflictos. La novela entonces abarca un amplio ámbito de fenómenos vitales, reúne también por lo general gran cantidad de personajes con sus características distintivas, ofrece un entretejido de líneas argumentales, se entrelazan descripciones, acciones paralelas, acciones lineales, lo que proporciona al texto una compleja composición. Si se describe al hombre en su evolución, con argumento, como carácter acabado, estamos ante el género épico como lo definió Aristóteles, y por transitividad ante los tipos de géneros, cuento, relato, o novela; si reconocemos que estos tipos de géneros pertenecen a una figura matriz, es porque entre ellos existen características comunes que permiten insertarlo dentro de la épica. Lo mismo ocurre con las modalidades que se derivan del género novela. Aunque las diversas variantes novelares presenten una parcial independencia, y no posean un parecido aparente entre ellas, todas presentan características comunes que permiten identificarlas como novelas (además de revelar las características de la novela antes mencionadas) y por consiguiente, constituyen géneros literarios. Pues como bien está expresado en el diccionario de retórica, crítica y terminología literaria de Marchesse: “El texto no viene aislado en la literatura, sino que debido a su función sígnica, pertenece con otros signos a un conjunto, o sea a un género literario, el cual se configura como el espacio en que una obra se sitúa en una compleja red de relaciones con otras obras.  Estas constantes forman un sistema cuyos componentes en algunas ocasiones son inteligibles por la relación que establecen entre sí”. Aquí se muestra nuevamente otra de las problemáticas para la definición concreta del término “género”.

El policial no es una excepción de la regla, también pertenece al mundo imaginario del género novela, porque, como ella,  se nutre de la hora histórica en que nace, y la refleja con mayor o menor exactitud según el tema  tratado y el ambiente en que se desarrolla la historia. Presenta una historia principal (idea central) con sus temas secundarios, cuyo objetivo es crear un contexto mediante el cual el lector pueda sentirse familiarizado con la trama y en algunos casos hasta pueda ser partícipe de la ficción relatada. Para que el lector pueda sentir dicha “familiarización” es imprescindible la existencia de ciertas características narrativas típicas, como: personajes (culpable-víctima-policía), situaciones (crimen-investigación-captura), espacios, etc., que puedan variar parcialmente, o no, según el tiempo y la época en que se elabora el discurso literario.

Por consiguiente, si la novela constituye un género literario derivado de la épica, sus variantes también podrían constituir géneros literarios: en consecuencia, tanto el policial, como la novela de aventuras, la psicológica, y otras, constituyen un género. No obstante, se debe tener presente el concepto de Glowinski cuando expresa: “Ningún género literario se reduce únicamente a aquello que constituye su esfera de necesidades; no está determinado, por lo tanto, sólo por sus invariantes. Dispone de un campo inmenso de posibilidades diversas, cambiantes, a veces contrapuestas…”2

Esto se evidencia, por ejemplo, en el género policial o, más específicamente, en la novela policial. En resumen, la narrativa policial se caracteriza por la observación, el análisis y la lógica de deducción aplicada a un hecho delictivo en la que se busca descubrir a un culpable. Pero, ¿será posible encasillar en estos simples preceptos al término “policial”3  teniendo en cuenta la evolución que ha experimentado dicho género? Si analizamos su historia hasta la actualidad, percibimos un progresivo enriquecimiento cultural y artístico, que ha hecho del mismo, una de las variantes literarias más visitadas por la novela contemporánea. Además de incorporar un claro componente lúdico, ha servido también como plataforma discursiva para mostrar el espacio violento y deformado de la sociedad moderna, así como el ámbito conflictivo de una nueva identidad literaria latinoamericana.

En los inicios del policial, por regla general, la función dominante era la lúdica por encima de otras como la estética, la valorativa o la cognoscitiva. De ahí la existencia del método inductivo; un carácter meramente lógico-racional; una estructura rígida, reiterativa; un nivel temático-cognoscitivo reducido; técnicas predecibles que, a fin de cuentas, no aportaban conocimientos sustanciales sino que favorecían y garantizaban la participación del lector-personaje en un juego que consistía en la búsqueda y captura de un criminal. El hecho de que al principio estas novelas resultaran en algunos casos mal construidas o limitadas a simples preceptos, no equivalía a la reducción de su campo de posibilidades artísticas ni conceptuales. Posteriormente, con el método realista se hizo más evidente el valor estético-funcional-literario, al tomar elementos de la vida contemporánea y plasmarlos en un texto ficcional que sobrepasaba los límites de lo real. Así, al fundirse la realidad y el mundo de la ficción, posibilitaban la aparición y el desarrollo de una nueva y rica literatura que proponía objetivos más amplios y diversos, como ocurrió con el policiaco después de la década de 1920.

Por medio de las cuantiosas transformaciones que ha sufrido el género policial, desde sus métodos inductivos-deductivos hasta su evolución realista latinoamericana, que algunos teóricos han denominado Neopolicial, es que no podemos establecer qué es el género policial, y más aún si nos percatamos de las variantes artísticas, linguísticas, narrativas, literarias, que han impedido su concreta definición. No obstante, como género al fin, podemos seguir su trayectoria a partir de algunas particularidades típicas o elementos generativos duraderos de la novela policial como el suspenso, el miedo que provoca ansiedad en el lector, el ritmo narrativo, la intensidad de la acción, la violencia, el heroísmo individual (además de las características mencionadas que se relacionan con el policial). Al respecto, Thomas Narcejac, por ejemplo, se preguntaba: “¿Cómo designar con precisión algo que se parece a un jeroglífico (Poe), a una novela popular (Gaboriau), a un cuento de capa y espada (Leroux), a un drama romántico (Maurice Leblanc), a una refinada partida de ajedrez (Van Dine), algo que tiene un poco más que todo esto? Sin embargo, es evidente que existe entre estas obras tan diversas un punto de contacto, una cierta similitud, que permite aclarar que estos autores pertenecen al género policial”.4

También, no debemos descartar que, para una mejor comprensión del género policial, sería oportuno un estudio de los elementos generativos variables que están sujetos a las modas literarias o epocales, como la influencia del contexto histórico, político, social y económico en la dinámica de cambio que ha experimentado dicha literatura; por ejemplo, algunos críticos, como Luis Rogelio Nogueras, afirman que el policial coincide con un apogeo de la Revolución Industrial. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, comenzaron a aparecer las primeras metrópolis con un gran crecimiento demográfico anárquico, elementos que exacerban el crimen. La existencia de las ciudades supuso la creación de cuerpos de policía organizados, así como de las primeras técnicas relacionadas con asuntos policiales: el estudio de la dactiloscopia, la frenología, la antropometría, la toxicología, la medicina legal, la balística. Con todo este contexto moderno-industrial de trasfondo, el desarrollo de las ciudades y de los cuerpos policiales, el aumento consiguiente de criminales y los nuevos adelantos científico-técnicos, se construyó un género con nuevos preceptos y objetivos muy diferentes a lo expuesto por las novelas tradicionales de aventuras, históricas y góticas como medio de evasión ante la férrea disciplina capitalista. Por estas razones es que las sociedades capitalistas más industrializadas comenzaron a producir la literatura esencialmente policiaca. Este género fue utilizado desde entonces por el resto del mundo, y revelado según los intereses, costumbres, principios y desarrollo de cada región cultural significativa.

Gracias a la dinámica de cambio  que ha sufrido dicho género debido a la influencia de un contexto histórico, podemos percibir nuevas variantes de la novela policial, que ,de cierta forma, nos hace reflexionar sobre el concepto del “policial”, como por ejemplo: la modalidad psicológica, que suele seguir la acción desde la óptica, la angustia y/o la desesperación del criminal; la modalidad de espionaje, que se inspira en la vida, conflictos o vicisitudes del espía. Hoy en día es considerada por su proliferación, como novela de espionaje que puede, o no, estar relacionada con la novela policial en una misma obra; la modalidad política de aventuras, al estilo de los países socialistas, donde se espera siempre un protagonista envuelto en persecuciones, tiroteos, transformaciones misteriosas y peripecias increíbles, y donde el objetivo principal es mostrar el ámbito histórico de un momento específico; la modalidad de crítica social, que es generalmente urbana, y que mediante la inclusión de un crimen desarrolla un mecanismo de intriga, pero cuya intención fundamental es la crítica de costumbres o de los sistemas sociales: la modalidad de persecución, tanto desde el punto de vista de las víctimas como de los criminales, y que son de acción pura: la modalidad judicial, que por medio de un juicio se concreta una investigación para pobrar la inocencia o culpabilidad del criminal: la modalidad del thriller, que en algunas ocasiones se define como novela policíaca de acción, pero que en la actualidad puede incluir otros ingredientes excitantes, tales como el terrorismo, el catastrofismo, el horror, la persecución, el sadomasoquismo o la pornografía.

En realidad después de ver estas tendencias, que en cierto modo caracterizan a la novela policial, sería impreciso ajustar códigos para definirla, como lo hicieron los clásicos, por su amplio campo de posibilidades expresivas, en tanto toma elementos de la vida real y los multiplica para crear entonces otras variantes conceptuales. Pero eso no implica que podamos encontrar en cada una de estas modalidades aspectos en común que permitan insertarlas en un género, o más específicamente, en el policial, pese a que algunas de estas variantes se han establecido de forma autónoma hasta el punto de convertirse en un género independiente.

Con relación al término “subgénero” (respeto los criterios de quienes consideren llamar así al policial) es una modalidad de la novela; como también a ésta se le puede llamar subgénero, por derivarse del género épico, así como, a  todas sus variantes dígase, por ejemplo la de aventuras, la histórica, la picaresca, etc. Ahora bien, lo que sí me parece incorrecto es calificar peyorativamente al policial como subgénero, porque esta modalidad de la novela ha evidenciado un modus operandis complejo, funcional, autónomo, característico, como las otras variantes de la novela, aspectos  que han hecho del mismo uno de los géneros más populares e interesantes, ya sea por su carácter dinámico-evolutivo, su vinculación tan estrecha con el contexto socio-histórico en el que se manifiesta, sus  variantes o modalidades que han permitido su enriquecimiento compositivo, así como por sus propias particularidades –dígase intriga, suspenso, investigaciones, asesinatos, criminales, detectives–, elementos que inciden de manera activa en el desarrollo del interés y las expectativas de los lectores, críticos y escritores de este género literario.

En la actualidad, cada vez se hace más difícil precisar conceptos sobre los diferentes tipos de género o subgénero  que han surgido a lo largo de la historia literaria, debido a la gran contaminación genérica que existe; en gran medida debido al auge de la época moderna y de la necesidad de construir discursos narrativos renovadores, originales y creativos. Pero eso no nos exonera de su estudio y profundización desde sus orígenes, porque ayuda a una notable comprensión y correlación del contexto literario en el pasado, presente y futuro.


 

1. Mijail Bajtin: Literatura, cultura y tiempo histórico, en http://intra.fayl.uh.cu/digital/Bajtin.htm

2. Angenot, Marc: Teoría literaria, México D.F., Siglo XXI Editores, 1993.

3. Diversos especialistas han querido llamar al “policial”, según la época y el lugar donde se produce; novela inductiva, detectivesca, criminal, negra, neopolicial, etc. Pero quisiera referirme solo al término “policial” porque, de todas las variantes clasificatorias, es la que abarca de forma general las diversas escuelas por las que ha transitado dicho género.

4. Luis Rogelio Nogueras: Por la novela policial, Ed. Arte y Literatura, La Habana, 1982, p.87.

Sobre Lisandra A. Díaz Rodríguez

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